domingo, 27 de enero de 2008

El factor Kennedy


El triunfo de Barack Obama en South Carolina fue arrasador: logró más votos que Hillary Clinton y John Edwards juntos.  Y, más importante aún, tuvo un 25% del voto blanco (y un 50% del voto de blancos menores de 30 años), lo que es crucial para enfatizar su capacidad de trascender el tema de la raza, en el que la campaña de los Clinton parecía interesada en insistir (Bill Clinton anoche recordó que Jesse Jackson ganó esas primarias en 1988, a todas luces una comparación distorsionada: Jackson, el candidato negro de esa carrera, nunca tuvo posibilidades, tuvo una casi nula votación blanca y, además, ganó en South Carolina -donde se realizaron caucus, no primarias- cuando la carrera ya estaba definida).
Muy distinto a lo que sucedió anoche. El marcador oficial: Obama 55%, Hillary Clinton 27%, John Edwards 18%
Edwards insistió en que seguiría en carrera. 
Obama habló anoche como un ganador. "Tenemos más votos, más delegados y la coalición más diversa que los estadiunidense hayan visto en mucho tiempo". La multitud girtaba: "la raza no importa". En su discurso, Obama enfatizó en lo difícil que serían las próximas semanas, aunque lo dijo en tono casi épico: "No se equivoquen con lo que estamos enfrentando", dijo, y sonó casi enojado, más aguerrido que esperanzador. 
Parte de esa alerta, de esa advertencia de que la pelea será dura, parte de un dato de la realidad: Barack Obama podrá estar ganando en delegados hasta ahora, pero su pronóstico no es bueno. Está muy por detrás de Hillary Clinton en las encuestas de los estados más importantes que votan el SuperMartes. Tiene mucho que remontar si quiere ganar la nominación, y hoy, aun con todo el entusiasmo de su campaña, tiene muy pocas posibilidades de ganar finalmente la nominación Demócrata. Estos días, desde anoche hasta la mañana del martes 5 de febrero, es una carrera contra el tiempo y contra la historia, y va a necesitar correr dando saltos si quiere superar a Hillary Clinton
Las zancadas iniciales han llegado hoy de la mano de la "familia real" del mundo Demócrata: los Kennedy. En una columna editorial del New York Times, Caroline Kennedy, la hija de JFK, apoya enfáticamente a Obama desde su elocuente título: "Un presidente como mi padre".  Y empieza así: 
"A lo largo de los años, me ha conmovido profundamente la gente que me ha dicho que desearía sentirse inspirada y esperanzada sobre Estados Unidos de la manera en que se sintieron cuando mi padre fue presidente. Este sentimiento es incluso más profundo hoy. Por eso es que estoy apoyando a un candidato presidencial en las primarias Demócratas, Barack Obama". Más adelante, Caroline Kennedy alaba la trayectoria de servicio social de Obama, y asegura que mientras en términos de planes y políticas los precandidatos Demócratas son similares,  los tiempos actuales requieren a un líder capaz de cambiar el curso de la historia política de Estados Unidos "como mi padre lo hizo en los 60". Habla de las muchas personas que le han dicho que sólo entraron al servicio público porque su padre se los pidió, y que Obama tiene esa capacidad. Termina hablando de su propia experiencia: "Nunca he tenido un presidente que me haya inspirado de la manera en que las personas me dicen que mi padre las inspiró. Pero por primera vez creo que he encontrado al hombre que puede ser ese presidente - no sólo para mí, sino para una nueva generación de estadounidenses". 
Es lo que se llama un apoyo. Pero fue sólo el primero. Hoy mismo se conoció la noticia de que el senador Ted Kennedy, hermano menor de JFK y prominente líder del partido, anunciará públicamente su apoyo a Barack Obama. Ese puede ser un apoyo más útil que el de Caroline, y a la vez el complemento perfecto. No sólo tiene la carga emotiva y la bendición directa del apellido Kennedy; también tiene todos los votos que el senador por Massachusetts puede acarrear. 
Nota aparte: las comparaciones con John F. Kennedy pueden no ser tan buenas, si consideramos cómo terminó. Un posteo en el brillante Wonkette.com hace notar que anoche los agentes del servicio secreto que cuidan al candidato (que entiendo que son más que los que cuidan a los otros, aunque no he podido confirmar eso) se veían particularmente serios y alerta. El temor de un atentado contra Obama ha sido tema de conversación de cuando en cuando en la campaña. 

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