sábado, 22 de diciembre de 2007

El milagro de McCain


A mediados de año, el senador republicano John McCain estaba muerto. Como candidato. Estaba en la banca rota, sus principales ejecutivos de campaña lo habían dejado (más notablemente John Weaver, su cerebro en las primarias de 2000 y principal damnificado de la guerra sucia orquestada por Karl Rove en la misma campaña), y había perdido todas las ventajas que lo hicieron comenzar estas primarias como el líder de la carrera. No sólo era el único candidato que inequívocamente apoyaba la ocupación de Irak y la estrategia de Bush, sino que además se había puesto del lado del presidente en un tema que para la base republicana era inaceptable: la reforma a la ley migratoria (que fracasó en el congreso) que implicaba la regularización de los inmigrantes ilegales. O sea, se había puesto la soga al cuello. Se contaba la historia de McCain el candidato muerto caminando, el hombre que lo tuvo todo y ahora no tenía nada, el candidato que inevitablemente se bajaría de la carrera en pocas semanas. 
También se dijo que si el hombre se recuperaba, la suya sería una de las más cinematográficas historias de resurrección política que se haya conocido en Estados Unidos. Ahora John McCain tiene posibilidades de escribir esa historia. 
Varias cosas han cambiado: Primero, logró juntar suficiente dinero como para mantenerse en campaña. Como bien lo apuntó el sabio Ken Rudin de NPR en la última edición de "It's all politics", las campañas no sólo se terminan porque las primarias se pierden; se terminan porque se acaba la plata. Y McCain ha hecho milagros con su billetera. Segundo: ninguno de sus competidores se ha desmarcado del grupo. Cuando él estaba contra las cuerdas, Rudy Giuliani parecía imparable. Después se pensaba que Fred Thompson, el "republicano genérico", iba a darle el tiro de gracia a McCain. Luego era Mitt Romney, el mormón millonario, quien se suponía que anularía al resto. Y ahora Mike Huckabee, el evangélico buena onda, parece parado en una plataforma de lanzamiento (aunque hasta el momento sus finanzas no le auguren suficiente autonomía de vuelo). Mientras todos se pelean con todos, Mc Cain se ha mantenido en terreno, aprovechando que la gente lo conoce.  En tercer lugar, cambió la percepción, particularmente de los republicanos, sobre Irak. La estrategia del aumento de tropas parece estar funcionando -a corto plazo, pero suficiente para el discurso republicano-, por lo menos en cuando a disminución de bajas. McCain se pasea ahora con cara de "yo te lo dije" y su semblante luce más sano. 
Y lo que no cambió es uno de sus principales activos: su reputación de héroe de guerra de Vietnam -sus años de prisionero de guerra certifican más mérito que cien medallas- y sus fundamentos al dar opiniones sobre política exterior, seguridad nacional y, lo que en Estados Unidos suele ser lo mismo, guerra. 
¿Qué necesita McCain para dar el golpe? Lo explica el analista Peter Brown en una columna reproducida por Real Clear Politics (de la que he sacado buena parte de este posteo): Que Romney no gane Iowa (y parece que lo va a ganar Huckabee) y que el mismo McCain gane New Hampshire, tal como ganó en 2000. 
A propósito de esa primaria, en un próximo posteo vamos a recordar esa mítica movida de Karl Rove que sacó de la carrera a McCain y que le allanó el camino a George W. Bush. (Por si alguien se pregunta por qué en el resto del mundo nos tiene que importar la carrera presidencial norteamericana)

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